Tierna como una niña, dulce y clara como el agua, de un manantial en las montañas así eres tú mi dulce pequeñita.
Te pareces tanto a ella, en tu mirada resignada, en tu ingenua y amplia sonrisa , eres el retrato vivo de mamá.
Tus lágrimas se quedaron, impregnadas en mis mejillas, se hizo eminente el adiós, aunque no quisimos pronunciarlo.
El destino permitió, que vivamos a millas de distancia, pero demos gracias a Dios, porque bajo la voluntad de él estamos.
Recuerda siempre, que desde el cielo, hay dos estrellas que nos vela son los ojos bellos de mamá, |